El tango en Medellín es parte de su identidad. En el centro de la ciudad se encuentra Málaga, un lugar emblemático y especial para escuchar tango. Este sitio es uno de mis favoritos porque encarna profundamente la identidad de la ciudad: tiene 64 años de antigüedad, es patrimonio cultural y está ubicado frente a la estación de metro San Antonio.

Málaga es un espacio bohemio donde suenan los mejores tangos y boleros, se sirve el mejor tinto de la ciudad y la rockola se convierte en el centro de atención. Es el sitio ideal para recordar la Medellín antigua de los años 50, 60 y 70.

Después del Río de la Plata en Argentina, la región de Antioquia se consolidó como la segunda zona más industrializada del continente gracias a la construcción del ferrocarril. Los trabajadores adoptaron el tango como su música preferida por su contenido lleno de nostalgia, marginalidad y desarraigo. Los obreros hicieron del tango la banda sonora de las cantinas, donde descansaban de las duras jornadas laborales.

La muerte de Carlos Gardel, el máximo representante del tango argentino, en un accidente aéreo al llegar a Medellín en 1935, fue clave para que el tango se arraigara para siempre en la región, especialmente en los barrios populares, y se convirtiera en parte esencial de la identidad de los habitantes del Eje Cafetero.

Como bien lo expresó Jorge Luis Borges en su poema “El tango”:

¿Dónde estarán? pregunta la elegía de quienes ya no son, como si hubiera una región en que el Ayer pudiera ser el Hoy, el Aún y el Todavía.

Esa ráfaga, el tango, esa diablura, los atareados años desafía; hecho de polvo y tiempo, el hombre dura menos que la liviana melodía, que sólo es tiempo.

El tango, como dice Borges, desafía el paso del tiempo y nos permite habitar un pasado mítico de coraje, nostalgia y valentía. En Málaga, cada vez que suena un tango en la rockola, ese “ayer” se vuelve presente y la Medellín de Gardel y de los obreros del ferrocarril revive por unos minutos.