La hoja en blanco

¿Hemos perdido nuestra sensibilización? ¿Cómo luchar y despegarnos de las redes sociales para acercarnos más a este ejercicio del espíritu?  ¿Hay alguna respuesta para lo que es escribir bien o no? Ahí es donde debemos buscar una buena guía, un buen consejo, una charla con un profesor, dejarnos encantar por algún tema y adentrarnos en él. Así mismo compartir lo que escribimos a alguien de confianza. No se debería descalificar la temática que se escoge para escribir, sino la forma en que se puede contar, es decir, podemos hablar de un paseo, de nuestro mejor amigo, de nuestra mascota, pero encontrar una voz que nos identifique, nos haga dueños de ese mundo y que no se parezca al de los demás es la clave de esa identidad literaria que se forja con el tiempo.

Cada vez que me acerco a una hoja en blanco es porque tengo algo que decir. Entre esa hoja y yo hay una relación de amistad y de desahogo. La hoja en blanco es para mí, como una amiga en los momentos más difíciles y en los momentos de gran felicidad. La escritura es un ejercicio de liberación, de tener algo que decir, de expresar los más puros sentimientos. Nunca he considerado escribir un cuento o un poema como se escribe un ensayo o un artículo del periódico, a las carreras y por cumplir. Es igual que con la lectura, no se lee un poema como se lee una noticia en algún medio masivo. Cada creación tiene su propia alma, su propia voz. Detrás de cada poema, cuento o novela hay un ser que experimentó y sintió la necesidad de contar una historia que le generó algún cambio en su vida. La escritura para mí nace como una necesidad de hacer catarsis y de conectar con el mundo de otra manera.

En esta edad de búsqueda, ¿Cómo no hablar de nosotros mismos? ¿Cómo no estar impregnados de tanta ligereza? Si no nos acercamos a los grandes maestros no podremos salir de ahí, tenemos que preguntar de vez en cuando a Cortázar, a Poe, a Borges algún consejo para salir de lo real, o podemos visitar de vez en cuando al Quijote para que nos dé una muestra de humor, o a Saki si el humor negro es el que más nos llama la atención. Pero siempre, siempre debemos recurrir a una guía  que nos ayude a encontrar nuestra propia voz; y para eso se necesita tiempo, disposición y esa hoja en blanco que nos está esperando, anhelando recibir la caricia de cada uno de nosotros como nuestra eterna confidente.

Tomado de: Introducción al libro de cuentos del Marymount Medellín.