“Nadie ama a los jóvenes, porque los jóvenes no tienen pasado. Y sin pasado, ¿cómo pueden tener futuro?”

Rodrigo D: No futuro (la película de Víctor Gaviria, 1990) en este análisis enriquece mucho el diálogo entre el nadaísmo, el punk y las expresiones culturales marginales en Colombia.

Se trata de un cine nadaísta en tanto que rechaza lo bello y lo correcto para apostar por la crudeza y la autenticidad. La película utiliza actores no profesionales, una cámara áspera y espacios reales para mostrar el dolor sin ningún filtro. Esta propuesta estética recuerda tanto la “estética sucia” del punk como la escritura descarnada del nadaísmo, donde lo feo, lo grotesco y lo auténticamente real adquieren valor artístico.

Tanto el nadaísmo como el punk fueron explosiones de inconformismo. Aunque usaron lenguajes distintos (poesía vs. música), ambos fueron gritos de jóvenes que no encajaban en la sociedad que les tocó vivir. Gonzalo Arango fue, en esencia, un punk literario colombiano antes de que el punk llegara a la sociedad.

A diferencia de Gonzalo Arango, quien al final de su vida buscó una redención espiritual, Rodrigo y su generación parecen quedarse atrapados en la desesperanza, sin llegar a esa reconciliación: Prosas para leer en la silla eléctrica

Rodrigo D y sus amigos hablan con un lenguaje propio, callejero y poético en su brutalidad. De igual forma, Gonzalo Arango escribió para los excluidos, empleando un lenguaje provocador, muchas veces ofensivo para la élite, pero profundamente subversivo y poético.

En la película, el cuerpo juvenil aparece herido, tatuado, perforado y violentado. Para el nadaísmo, el cuerpo era igualmente un campo de batalla entre el alma, la religión y la represión social. Tanto en la película como en el nadaísmo, el cuerpo no obedece a la moral establecida: se convierte en el lugar donde se expresa, sin censura, el dolor del mundo.