Medellín ha sido una ciudad marcada por la violencia desde el momento en que el narcotráfico se reveló como un negocio extraordinariamente lucrativo. Pablo Escobar no solo fue el máximo exponente de ese imperio criminal, sino uno de los mayores responsables del daño profundo que sufrió la ciudad durante décadas.

Aunque la imagen internacional de Colombia quedó fuertemente asociada a Escobar y al terror que generó, en los barrios populares de Medellín sobrevivió una costumbre heredada directamente de la cultura traqueta: celebrar los grandes envíos de droga con pólvora y disparos al aire. Esa práctica, que antes servía para anunciar que “la mercancía había pasado”, se conoce hoy como alborada.

Como bien captura Jorge Franco en El cielo a tiros:

«En Medellín se dispara para celebrar, para llorar, para protestar, para amenazar, para saludar, para despedir. Aquí el plomo es lenguaje».

Esta tradición persiste a pesar de las crecientes voces en contra. La alborada aterroriza a los animales callejeros, ahuyenta a las aves, impide el descanso de las personas que deben madrugar para trabajar y genera un clima de inseguridad y zozobra. Sin embargo, los intentos por erradicarla han sido hasta ahora infructuosos. En 2023, con una autoridad política debilitada e inestable, nadie parecía dispuesto a asumir el costo político de prohibirla de manera efectiva.

Jorge Franco, en El cielo a tiros, no solo retrata la alborada como una costumbre ruidosa y perturbadora, sino como un síntoma profundo de una ciudad que no ha logrado romper del todo con su pasado “traqueta”. A través de Larry, explora cómo la violencia se volvió lenguaje, celebración y herencia inevitable para toda una generación que, sin haber elegido el narcotráfico, debe cargar con sus secuelas.

Handgun lying on a wooden balcony railing with a city, mountains, and fireworks in the background at sunset.
«[…]al fondo se ve Medellín, mitad grandeza, mitad miseria. El paisaje no deja de ser conmovedor. Por lo que ha cambiado, lo que ha perdido […] este hervidero en el que han muerto tantos, que desterró a tantos nos marcó a todos, aún sigue en pie, incluso más robustecido». El cielo a tiros.